Calor extremo y envejecimiento: cómo protegerte durante las olas de calor

“El calor extremo puede tener un impacto significativo en la salud de las personas. La prevención es la clave para mantener el bienestar.”
— Organización Mundial de la Salud (OMS)

Olas de calor en la tercera edad

El calor extremo representa un riesgo creciente para la salud, especialmente cuando las temperaturas superan niveles considerados seguros. A medida que envejecemos, el cuerpo pierde eficacia para regular su temperatura, lo que nos hace más vulnerables a sufrir deshidratación, agotamiento e incluso golpes de calor. Estos efectos pueden agravarse en personas con enfermedades crónicas o bajo ciertos tratamientos farmacológicos.

La National Institute on Aging advierte que los adultos mayores pueden tardar más en adaptarse a los cambios térmicos y no percibir el calor con la misma claridad. Por eso, la prevención es clave: mantenerse hidratado, evitar la exposición directa al sol y adaptar rutinas diarias puede marcar una diferencia vital durante una ola de calor.

Hidratación, entorno y medicamentos: los pilares para cuidarte

Uno de los factores más importantes durante el calor extremo es mantener una buena hidratación. No basta con beber cuando se tiene sed: lo ideal es mantener un consumo regular de agua y complementar con frutas y verduras ricas en líquido, como sandía, pepino y naranjas. Evitar bebidas con cafeína o alcohol también es fundamental, ya que aceleran la deshidratación. La OMS insiste en que la hidratación continua puede prevenir complicaciones graves durante periodos prolongados de calor.

Además, crear un ambiente fresco dentro del hogar puede ayudar a contrarrestar el impacto del calor. Usar ventiladores, mantener cortinas cerradas, buscar espacios climatizados y limitar la exposición al sol en las horas de mayor temperatura son medidas prácticas que cualquiera puede aplicar. Incluso el tipo de ropa influye: prendas ligeras, sueltas y de colores claros ayudan a disipar mejor el calor.

Por otro lado, ciertos medicamentos —como los diuréticos, antihipertensivos o psicotrópicos— pueden interferir en la capacidad del cuerpo para regular su temperatura o retener líquidos. Por eso es crucial consultar con un profesional de salud antes de hacer ajustes. La American Heart Association también alerta sobre los riesgos adicionales para personas con enfermedades cardiovasculares durante olas de calor.

Reconocer las señales y actuar a tiempo

Es fundamental prestar atención a síntomas como fatiga inusual, mareos, sudoración excesiva, náuseas o piel fría y húmeda. Estos signos pueden indicar un agotamiento por calor, una condición que requiere reposo inmediato, hidratación y resguardo en un lugar fresco. Si los síntomas no ceden o empeoran, se debe buscar asistencia médica sin demora.

La Mayo Clinic ofrece guías claras para detectar y tratar el agotamiento por calor, una condición previa al golpe de calor, que puede tener consecuencias graves si no se trata a tiempo.

Aun cuando se mantenga una rutina activa, es conveniente adaptar los horarios de ejercicio físico para evitar las horas de mayor calor. Caminar temprano o hacer actividades ligeras dentro de casa puede ser una buena alternativa. Para más ideas, puedes revisar nuestro artículo sobre los 6 pequeños cambios para vivir mejor.


El calor se puede gestionar, si sabes cómo

El calor extremo no tiene por qué limitar tu bienestar. Con medidas sencillas y conscientes —hidratación, entorno adecuado, actividad física adaptada y seguimiento médico— puedes disfrutar del verano de forma segura. Tu cuerpo, especialmente con el paso de los años, agradecerá que estés atento a sus señales y que priorices tu salud.

Si te interesa seguir aprendiendo sobre cómo proteger tu salud en todas las estaciones, te recomendamos nuestro artículo sobre la salud cerebral, donde abordamos cómo preservar el bienestar mental en la madurez.

Comparte